martes, 2 de diciembre de 2014

El Gallo del corral...

Para ti parece una tarde cualquiera, pero no lo es. Nació de los primeros de su camada y se hizo fuerte desde pequeño. Cuando sus hermanos apenas tenían días él ya era todo un "torito". En los primeros juegos ya destacaba su fortaleza y su poder. Tras el destete se hizo el líder de la camada y nadie, ninguno de los otros machos, se atrevía con él. Solo había uno que fue capaz de plantarle cara, lo intentó alguna vez, pero nunca pudo arrebatarle su puesto. Al ser el líder todos le odiaban, siempre andaba solo, mandando en el cerrado, pero han pasado cuatro años ya y, precisamente esta tarde, todo va a cambiar. Hoy toca ver quien va a ser el "gallo del corral", toca destronar al rey de la camada.

Hoy toca ver quien va a ser el "gallo del corral"...
Aquel "gallito" siempre andaba metiendo miedo a los demás y, por ello, gozaba de privilegios. Se echaba en los mejores lugares del cerrado, comía donde mejor comida había, donde nadie se atrevía, porque sabían que era su territorio, su querencia. Cuando llegaba el pienso siempre acudía el primero y comía más que ninguno. Al atardecer, cuando apetece beber, todos se apartaban del pilar para que bebiese él, el mandamás del cerrado.

Aquel "gallito" siempre andaba metiendo miedo...
...se echaba en los mejores sitios y comía donde nadie se atrevía...
...y al atardecer todos se apartaban para que bebiese él.
Hoy, mientras él anda solitario por los mejores lugares del cerrado sus compañeros juegan. Los toros están más activos que de costumbre esta tarde, pero nadie se imagina lo que va a suceder ¿O ellos sí? Empiezan a chocar sus cabezas sin maldad, como cuando jugaban de pequeños. Se rozan con las puntas de los pitones, sin apretar, solo marcando el sitio. Se enganchan la cara y el ambiente empieza a cargarse poco a poco. La calma domina la tarde, pero no es como siempre, es una calma tensa.

Sus compañeros juegan, chocando sus cabezas sin maldad...
...se rozan con las puntas de los pitones, marcando el sitio...
...se enganchan la cara...el ambiente empieza a cargarse...
No muy lejos de allí los utreros presienten lo que va a suceder. La juventud les hace ser más alborotadores y empiezan a alterarse. Un cárdeno claro berrea al cielo y camina tenso. Su mirada se torna brillante, desafiante. Otro cárdeno, este un poco más oscuro, lo ve venir y clava sus cuernos en la hierba. Empuja fuerte y arranca un cardo casi de raíz, como demostrándole al otro lo que es capaz de hacer. El aire empieza a viciarse y todos los utreros se alteran. Empiezan a montarse unos sobre otros para demostrar su superioridad. Para evitarlo, se revuelven rápido y se dan la cara. La tensión va aumentando y uno negro escarba nervioso en la lejanía. Tras un momento de calma salta la chispa. Dos utreros negros se enzarzan, entrelazan sus cuernos y empujan, pero la pelea dura poco, hoy no les toca a ellos.

Un cárdeno claro camina tenso, su mirada se torna desafiante...
otro lo ve venir y clava los cuernos en la tierra, empuja fuerte...
...y arranca un cardo casi de raíz, demostrando lo que es capaz de hacer...
...empiezan a montarse para demostrar su superioridad y se dan la cara...
...la tensión aumenta y uno negro escarba en la lejanía...
...tras un momento de calma, dos utreros negros pelean...
El alboroto creado por los utreros acelera la actitud de los cuatreños. Uno castaño berrea, parece que llama a los demás, como si hubiese llegado la hora. Los movimientos pausados de los toros quedan a un lado. Ahora se mueven enérgicos, ágiles, casi eléctricos. La tensión va aumentando y un precioso toro cárdeno se rasca en el comedero, apuntando con sus astifinos pitones al cielo, como enseñándole al resto las armas que tiene.

Uno castaño berrea, parece que llama a los demás...
...y el cárdeno apunta con sus astifinos pitones al cielo, enseñando sus armas.
La naturaleza es sabia y el resto de animales sabe lo que va a ocurrir. La cigüeña vuela asustada. El conejo sale de su madriguera, no se quiere perder el acontecimiento y lo observa todo miedoso, sin alejarse mucho, por lo que pudiese pasar, mientras un bando de palomas revolotean nerviosas por encima de los toros.

La cigüeña vuela asustada...
...el conejo sale de su madriguera y lo observa todo miedoso...
...mientras un bando de palomas revolotean por encima de los toros.
La tranquilidad del campo ha desaparecido. Todo es tensión y ganas de lucha. Una perdiz canta nerviosa y otra camina hacia ella decidida. La que ha cantado la desafía desde el pie del acebuche. Es la hora de zanjar las cuentas pendientes. Un pequeño vuelo, un salto veloz, casi fugaz, y se pegan una primera tarascada. No se miden, hoy no es el día. Las alas se abren casi en la cola del toro y una salta con las patas a la cabeza de la otra, sin piedad. Un instante después el toro se da la vuelta, berreando, a ver que es lo que pasa detrás de él y observa a una de las perdices volando en el aire con las patas hacia el cielo. Ha perdido. La pelea se acaba. Huye a un escondrijo, extenuada, casi se entierra para que no la vean, avergonzada. Después de coger un poco de aire huye. Antes de irse se vuelve, como queriendo observar por última vez el territorio perdido, pero una pluma fuera de su sitio indica que ha sido derrotada.

Una perdiz camina decidida...
...la que ha cantado la desafía desde el pie del acebuche...
...un pequeño vuelo, un salto casi fugaz y se pegan la primera tarascada...
...las alas se abren en la cola del toro y una salta a la cabeza de la otra...
...el toro se vuelve berreando y ve a una de ellas con las patas hacia el cielo...
...ha perdido y huye a un escondrijo, extenuada y avergonzada...
...antes de irse se vuelve, pero la pluma indica que ha sido derrotada.
Mientras tanto la tarde sigue su curso y la tirantez entre los toros crece. Uno no aguanta más y comienza a escarbar. El polvo se mezcla con el aire, aire que huele a venganza, a miedo, a incertidumbre. Como los utreros, los toros empiezan a montarse y a darse la cara. Desde el otro cerrado, con los ojos casi desorbitados, muy nervioso, otro toro observa, la presión le puede y berrea muy fuerte, sacando la lengua. No es un berreo cualquiera, es un berreo más agudo, de angustia.

La tirantez entre los toros crece y uno comienza a escarbar...
...como los utreros, empiezan a montarse y a darse la cara...
...desde el otro cerrado, con los ojos desorbitados, otro toro observa...
...y berrea sacando la lengua, es un berreo más agudo, de angustia.
El entorno está muy cargado. Los toros no paran de berrear y de escarbar. Cuando paran es todavía peor. Una extraña calma tensa, trágica, se adueña de todo y hace que los animales se alteren cada vez más. El mochuelo observa desde un acebuche con los ojos muy abiertos, sorprendido. En el acebuche de enfrente el lagarto se asoma curioso, protegido desde las alturas. Mucho más alto un aguilucho sobrevuela en círculo el cerrado, mirando hacia abajo, sin perder detalle. Las avispas salen de su guarida y desde ella contemplan la escena. Hasta el perro del mayoral se sube a la pared, con las orejas muy tiesas, en silencio. La rigidez no le deja ni ladrar.

El mochuelo observa desde el acebuche con los ojos muy abiertos...
...en el de enfrente, el lagarto se asoma curioso, protegido desde las alturas...
...mucho más alto un aguilucho sobrevuela en círculo mirando hacia abajo...
...las avispas salen de su guarida y contemplan la escena...
...y el perro se sube a la pared, con las orejas muy tiesas, sin poder ladrar.
Él ya lo sabe. Van a por él. Escarba nervioso, intentando meterse bajo tierra, intentando esconderse, pero sabe que no hay escondite posible, su bravura y su condición de líder tampoco se lo permitirían. Sus hermanos asoman por el cerro. Sus miradas han cambiado. Parece que ya no tienen miedo. Uno de los que vienen primero es aquel que intentó ser el "gallo del corral" desde pequeño, el único que se atrevió a plantarle cara. A su lado, uno colorado dilata los ollares y resopla furioso. Entonces la locura inunda el campo. Los toros se revuelven, miran hacia un lado y hacia otro, la mirada penetrante, los ojos casi se les salen. Las babas se les caen, están muy cabreados, sedientos de venganza. No paran de berrear, resoplan, se miran. Cuando uno se aproxima demasiado el otro marca el terreno encogiendo la cara, apretando la musculatura y mirando de reojo, con desprecio. Todos están rígidos, nerviosos, tirantes, pero ninguno se atreve a dar el primer paso. Un colorado se acerca traicionero a uno ensabanado, más grande que él, pero el ensabanado se da cuenta, se vuelve rápido y el colorado huye despavorido. Es entonces cuando todo comienza.

Él ya lo sabe y escarba nervioso, intentado esconderse...
...sus hermanos asoman por el cerro, un colorado resopla furioso...
...la locura inunda el campo...
...los toros se revuelven, la mirada penetrante...
...las babas se les caen, sedientos de venganza...
...no paran de berrear...
...cuando uno se aproxima marcan el terreno encongiendo la cara, con desprecio...
...uno colorado se acerca traicionero, pero el ensabanado se vuelve rápido...
Una culebra, lo ve todo desde una piedra y abre la boca con agresividad, como si fuera ella la que está peleando, contagiada por la situación. El líder de la manada se siente perseguido, acorralado. Confía en su fortaleza pero siente miedo por primera vez. Ese miedo que sentían sus hermanos cada vez que él se acercaba al pilar del agua o al comedero. Los bramidos resuenan en todos los alrededores. A galope tendido viene el mayoral con su caballo tordo, a intentar evitar lo inevitable. El sonido de su voz y de los cascos de su caballo se mezclan con los berreos de los toros, las carreras, el sonido de las palomas que vuelan y de los ladridos del perro desde la pared. Desde la pared de enfrente los toros del cerrado de al lado observan nerviosos, sorprendidos, todo lo que está ocurriendo. Quieren saber quien será el nuevo "gallito" del cerrado vecino y angustiados también, berrean al cielo de la finca.

Una culebra lo ve todo y abre la boca con agresividad, contagiada por la situación...
...el líder se siente acorralado y siente miedo por primera vez...
...el mayoral, a galope tendido, viene a intentar evitar lo inevitable...
...desde la pared los del cerrado contiguo observan sorprendidos...
...quieren saber quien será el nuevo "gallito" del cerrado vecino...
...y angustiados y nerviosos berrean al cielo de la finca.
El mayoral intenta separar a los toros pero es imposible. No para de dar carreras y voces, intentando asustarlos, pero no sirve de nada. Los toros hacen como si no estuviese allí. El polvo apenas deja ver y de repente los toros se paran. Se quedan expectantes, como estatuas, mirando todos al mismo lugar. El líder es desafiado de nuevo por aquel que fue capaz de desafiarlo hace ya algún tiempo. Se miran de reojo, se miden. La última vez que estuvieron cara a cara el rey de la camada pudo con él. Los dos saben que hoy no será así. El miedo del mandón se ve en sus ojos y eso le da al otro fuerzas para atacar. Se enganchan y los demás siguen como estatuas, esperando el desenlace, pero al ver que el mandón va a ganar se revolucionan de nuevo. Berrean todos y el ambiente se revoluciona otra vez. No da tiempo a que el líder gane que ya hay otro encima de él. Así sucesivamente. Van a por él. Pelea con todos, pero sus fuerzas no pueden más. Sus patas afianzadas en la arena de su cerrado, en la arena de la zona de su querencia, donde tantas veces se echó para envidia de los demás, se hunden. Uno lo engancha por la cara, lo levanta en el aire y no tiene más remedio que huir. Atrás deja su querencia, ha sido derrotado. Atrás deja toda una vida de mandón, ya no es el rey del campo.

El polvo apenas deja ver...
...el mandón y su adversario se enganchan...
...los demás ven que el líder va a ganar y berrean todos a la vez...
...uno lo engancha por la cara y no tiene más remedio que huir...
Los toros braman furiosos mientras el antiguo líder corretea por el cerrado, vencido y sangrando por los ollares. Sus compañeros de cerrado quieren más, quieren venganza. La perdiz que hace un rato perdió corretea por la pared que separa ambos cerrados, perseguida también.

El antiguo líder corretea vencido, sangrando por los ollares...
...y la perdiz que perdió es perseguida por la pared...
El cerrado parece un campo de batalla. Es incontrolable. Una amalgama de sonidos y movimientos que hace temblar la tierra que los toros pisan detrás del vencido. Todos observan la pelea. El mayoral se siente desbordado. No sabe a donde acudir. Entonces aquel que empezó todo, el primero que le plantó cara al líder, se engancha con él cerca de las tunas. El líder, reventado, no puede más y toma la huida de nuevo, pero no le da tiempo. El otro, con la ayuda del toro ensabanado, lo levanta por la barriga. Un berreo de dolor, mucho más fuerte que el resto, resuena en el horizonte a la vez que el pitón atraviesa la piel. El rey del campo ha caído para siempre. Una gran cornada le impide levantarse. Los demás le rodean, con los ojos blancos, babeando y berreando muy nerviosos al oler la sangre. El mayoral consigue separarlos del toro caído pero de nada sirve. El mandón hace los últimos esfuerzos por vivir pero con su mandato se va la vida.

El cerrado parece un campo de batalla, es incontrolable...
...el otro engancha al líder en la huida y lo levanta por la barriga...
...un berreo de dolor resuena en el horizonte, una gran cornada le impide levantarse...
...hace los últimos esfuerzos por vivir pero con su mandato se va la vida...
Los toros siguen muy alterados, oliendo la sangre, dándole vueltas al toro ya muerto. Siguen berreando y escarbando. El mayoral retira el cuerpo lo más rápido que puede y tras retirarlo los toros empiezan a relajarse. Un pajarillo, todavía nervioso, canta en lo más alto de una rama. Una gran tormenta se acerca por el horizonte. Salta un fuerte viento y al poco tiempo está diluviando. El agua acaba por calmar a los toros y limpia la sangre del toro caído.

Un pajarillo, todavía nervioso, canta en lo más alto de una rama...
...una gran tormenta se acerca por el horizonte y al poco tiempo diluvia...
...el agua acaba por calmar a los toros y limpia la sangre del toro caído.
La tormenta dura poco. La tarde está cayendo. La perdiz, orgullosa de su victoria se sube encima de uno de los palos del alambrado y canta más fuerte que nunca, segura de su fortaleza. El toro, nuevo líder de la camada, sube a lo alto del cerro, ya apenas sin luz, y berrea. Es el nuevo mandón y se lo quiere hacer saber a los demás. Berrea una y otra vez, se siente "el gallo del corral". Ahora él será el que se echará en el mejor sitio del cerrado, el que comerá el pienso primero y cuando llegue al pilar a beber agua todos se apartarán. La tarde cae, como ha caído aquel becerrillo mandón que era más fuerte que ninguno...

La perdiz orgullosa de su victoria canta más fuerte que nunca...
...el nuevo líder berrea una y otra vez desde lo alto del cerro...
...se siente, por primera vez, el "gallo del corral"...
...y la tarde cae, como ha caído aquel becerrillo mandón.
El nuevo rey del campo bravo, mientras los últimos rayos de sol iluminan la tarde, camina altivo hacia el pilar para beber y recuperarse de tanto esfuerzo, para sentirse líder por primera vez y apartar a los demás del agua. Cuando llega casi todos están allí. Él llega y los demás se apartan, pero hay uno que no. El nuevo mandón le mira de reojo, retándole, y el otro acepta el reto. No ha dado tiempo a que se fuese el sol que ya están peleándose de nuevo. De nuevo berrean y se miden. Ahora todos quieren ser el líder.

No se ha ido el sol y ya pelean de nuevo... ahora todos quieren ser el líder...
La noche se hace presente y el campo sigue igual. Apenas hay luna. El berreo de los toros todavía suena más fuerte en la noche, una noche muy oscura. El brillo de miles de estrellas es interrumpido por el resplandor del cigarro del mayoral. No puede dormir. Se escucha hasta el chocar de los pitones en las múltiples peleas. Miles de bramidos inundan la noche. El mayoral se levanta, camina, se sienta. Se fuma un cigarro tras otro. Inquieto, igual de nervioso que sus toros. En la puerta de su casa, sentado en una silla, el mayoral se duerme. El cansancio de una tarde muy ajetreada hace mella...

De repente, se despierta asustado. No se había dado cuenta de que se había quedado dormido. Mira el reloj y falta poco para que amanezca. Finalmente la calma parece haberse adueñado de la noche. Se prepara un café mientras que el sol aparece por el horizonte. Se lo toma rápido y va a por su caballo.

Se prepara un café mientras el sol aparece por el horizonte...
Llega al cerrado intentando demostrar tranquilidad pero está muy nervioso, no sabe que se puede encontrar. Nada más entrar se da cuenta de que los toros están cada uno por un lado. La mayoría están echados, hasta con la cabeza en el suelo, muy cansados. Los levanta uno a uno y los hace andar un poco para comprobar que están bien y no hay ninguna cornada. Los toros andan tan pausadamente que ni asustan al pajarillo que cantaba nervioso por la tarde en lo más alto de la rama.

Los toros están cada uno por su lado, echados y con la cabeza en el suelo...
...andan tan pausadamente que ni el pajarillo se asusta.
Uno a uno los va buscando a todos. Por ahora todo está bien. Sólo le faltan tres. Camina despacio, ya algo más tranquilo. A uno se lo encuentra escondido detrás de un árbol, está agotado, pero está bien. Solo le faltan un astifino toro castaño y el negro que ayer por la tarde mató al otro, el nuevo líder de la manada. El mejor sitio del cerrado, la querencia del mandón, está más lejos y supone que el toro negro estará allí, por eso decide buscar primero al castaño. Da varias vueltas y no lo encuentra. Tras un rato buscándolo ve, pegado al alambrado que delimita el cerrado, la hierba muy revuelta. Se acerca hasta allí y ve múltiples pisadas, pero ni rastro del toro castaño. Se aproxima un poco más al alambrado y entre unos cardos que todavía resisten las lluvias observa algo que le llama la atención. Es el toro negro. Ese "gallito" que solo fue mandón por una noche esta muerto tras el alambrado, fuera del cerrado. El alambrado está intacto y el toro está muerto, con un montón de cornadas.

A uno se lo encuentra escondido detrás de un árbol, agotado...
...entre unos cardos que resisten las lluvias, observa algo...
...es el toro negro, muerto, fuera del cerrado, con un montón de cornadas.
Solo falta el toro castaño y solo falta un sitio donde buscar. El mayoral se dirige al sitio privilegiado del cerrado. Al llegar se encuentra al astifino toro castaño echado donde siempre se echaba el toro que murió por la tarde. Nada más lo vio llegar el toro se levanta rápidamente. Se encampana, da unos pasos al frente y mira fijo, avisando de la posible arrancada, avisando de quien es, el nuevo líder de la camada, el mandón, el rey del campo, "el nuevo gallo del corral"...

2 comentarios:

  1. Preciosa fabula nos has contado Alberto. Muchas gracias...y la colcección de fotos: extraordinaria.¡lo que has tenido que disfrutar realizando, supongo en muchos dias, la maravilloso colección de fotos. Mis mayores felicitaciones. Un abrazo

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    1. Emilio Lentisco:

      La verdad es que en el campo se disfruta muchísimo. Tengo la suerte de poder disfrutar del toro en el campo con bastante frecuencia y se que otros aficionados no tienen tanta suerte, por eso intento llevarme un poquito del campo en mi cámara y lo comparto por aquí. Es la forma que tengo de aportar mi pequeño granito de arena a muchos aficionados y amigos que no tienen la suerte de disfrutar del campo bravo tan a menudo.

      ¡Muchísimas gracias a usted! Un abrazo y espero que le sigan gustando posteriores publicaciones.

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