viernes, 27 de septiembre de 2013

Te conviertes en un vaquero...(y III)

Pasado un rato te despiertas de nuevo en el sueño de vivir como un vaquero. Tras una mañana ajetreada y una pequeña siesta tienes que volver al campo. Podrías descansar un poco más, pero a pesar del cansancio y del calor decides salir de la casa. Vas andando hacia la cuadra y tu caballo te espera asomado a la ventana. Una caricia te sirve para notarlo cansado. Por ello decides ir a repasar el ganado andando.

Tu caballo, cansado, te mira por la ventana de la cuadra...
Andas despacio, sin hacer mucho ruido, queriendo pasar desapercibido. Intentas escucharlo y observarlo todo. Quieres disfrutar del campo, de la naturaleza. A lo lejos un conejo se camufla tras unos cardos. Un  pequeño halcón, posado en la rama más alta de un árbol, parece haberlo observado también. Sigues andando hacia el cerrado de los toros y pisas un poco de pasto seco. El conejo te escucha y sale corriendo a su escondrijo.

Un conejo se esconde entre los cardos...
...el halcón espera al acecho en la rama de un árbol
Llegas primero a "La Escuela", el cerrado donde los toros se pegaron esta mañana. Desde lejos, escondido tras la pared, observas a uno de los toros dormido plácidamente. Las carreras y arrancadas también les cansaron a ellos y la tranquilidad domina el ambiente. Otro de los toros deja que un espurgabuey se alimente de las moscas que revolotean por su cara. Sigues tras la pared y el toro te ve. Te mira sorprendido pero ni se levanta.

Uno de los toros duerme...
...mientras otro se deja acicalar por un espurgabuey...
...y te mira sorprendido pero sin levantarse
Hace un calor sofocante pero unas nubes parecen acercarse a lo lejos. Al llegar al siguiente cerrado un toro negro se rasca con un acebuche camuflando sus pitones con las ramas. Mientras, uno cárdeno se alivia del picor de las moscas con la suave tierra de su cerrado.

Unas nubes parecen acercarse...
...mientras el negro se rasca con el acebuche...
...y el cárdeno lo hace en el suelo
Vas hacia el cerrado de los utreros pero para llegar allí tienes que pasar por "Las Pías" donde las vacas apuran el pasto que queda. Los bueyes descansan a lo lejos mientras una burraca te mira sorprendida. Una vaca ensabanada, a escasos días de parir, se rasca con la lengua. Te paras un rato y las observas. Todo parece en orden. Sigues hacia los utreros y un águila parece acompañarte.

Los bueyes descansan a lo lejos...
...más cerca, una vaca de pelo burraco te mira sorprendida...
...la ensabanada se rasca con la lengua...
...y el águila parece acompañarte al cerrado de los utreros
Cuando llegas a los utreros te sientas en el suelo, escondido tras un lentisco. Desde allí, sin que te vean, los observas a todos. Piensas a que plaza podría ir cada uno y la ilusión te envuelve. Unos duermen plácidamente, casi acurrucados. Otros se entretienen con algún espurgabuey como aquel toro cárdeno, mientras alguno se rasca como aquella vaca ensabanada. Entusiasmado ante tanta belleza y queriéndolos ver a todos te mueves demasiado y dos colorados te ven. Te miran extrañados pero permaneces quieto para que se relajen de nuevo y no se vayan.

Unos, casi acurrucados, descansan...
...otro se relaciona con el espurgabuey...
...mientras otro imita a la vaca ensabanada y se rasca con la lengua...
...pero debes estar quieto, dos colorados te han visto
El vuelo de un pajarillo te distrae por un momento y hace que mires hacia el cielo. Te das cuenta que aquellas nubes están mucho más cerca. Los utreros empiezan a alterarse. Los que estaban echados se levantan y se estiran tras el largo descanso. Un castaño parece mugir a la tormenta que se acerca. Otro utrero le contesta a lo lejos. La calma da paso a la tempestad.

Las nubes están mucho más cerca...
...los utreros se levantan...
...y se desentumecen..
...mientras, el castaño le "habla" a la tormenta
El calor desaparece empujado por un viento rebelde y fresco que antecede a la tormenta. Estás lejos del cortijo y piensas en volver, pero aquel ambiente te embriaga. Los mugidos se suceden. Los utreros levantan el polvo con sus pezuñas. El viento trae olor a humedad y empiezas a pasar frío. La tensión va en aumento. Uno colorado, temeroso, se esconde en el arroyo. Miradas desconfiadas, agresivas, dan paso a la pelea. El espurgabuey que antes acompañaba al colorado vuela espantado. Las primeras gotas empiezan a caer.

La tensión aumenta, los utreros escarban...
...el colorado se esconde...
...y tras unas miradas agresivas...
...se desata la pelea y el espurgabuey vuela asustado
La pelea dura poco. El agua cae débilmente pero hace que el ambiente empiece a relajarse. Tienes frío y te refugias de las pequeñas gotas debajo de un acebuche. El viento parece apretar. Los utreros se echan. No queda ni uno de pie. Parecen disfrutar del frescor de la lluvia después un intenso verano de calor. Al poco rato escampa. El olor a tierra mojada casi se saborea. Cuentas a los futuros toros pero te falta uno. Empiezas de nuevo y te sigue faltando. Pero pronto te das cuenta que el chorreado se confundía con el listón y parecían uno mismo.

Los utreros se echan aprovechando el frescor de la tormenta...
...y te das cuenta que el listón y el chorreado parecían uno mismo
Tranquilamente, paladeando ese olor tan intenso, vuelves hacia el cortijo. Por el camino observas a una multitud de perdices que se alimentan al caer la tarde. Un poco más adelante una abubilla te observa. La naturaleza te despide. Coges el camino de vuelta a la ciudad y no sabes si esta aventura ha sido un sueño o ha sido realidad. Has convivido con el toro, con la naturaleza, con el campo. Te has sentido un vaquero de bravo por un día. Un día quizás demasiado corto, pero te sientes feliz. La tormenta ha pasado y el sol vuelve a aparecer. La tarde va cayendo y el ambiente toma unos tonos anaranjados. De repente, un mugido se escucha a lo lejos. El campo bravo parece decirte adiós...



10 comentarios:

  1. Me quedé ensimismado, me transporté a la dehesa y soñé ... Genial!!!

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    1. Anónimo:
      ¡Muchísimas gracias! Me alegro de que le haya gustado.

      Un saludo.

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  2. Enhorabuena una vez mas Alberto. Eso si, me he quedao flipao con el montón de perdices.

    Un abrazo Alberto.

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    1. MARIN:
      ¡Muchísimas gracias! Por la zona de Medina hay perdices a patadas y al atardecer, si vas despacio y en silencio, como se juntan en bandadas para comer las puedes ver sin acercarte mucho.

      Un abrazo MARIN. Por cierto me alegro de que vuelvas a escribir en El Retoñal. Algunos aficionados lo necesitábamos ;)

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  3. ¡Qué bonita foto la de esa vaca ensabanada!Si nace macho,
    ocupará el lugar que deja uno de los utreros, más tarde uno de los toros y cuando su vida termine en una plaza,su lugar será ocupado por otro y el de éste por otro y habrá triunfos y fracasos y me alegro de que así sea.Un abrazo,Alberto.

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  4. Paco:
    Así es. Si nace macho llegará a toro para ocupar el espacio que, con su lucha en la plaza, van dejando los toros cada año. Es el ciclo de la vida, el ciclo del toro bravo.

    Un abrazo y ¡muchísimas gracias!

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  5. Que suerte tienes, Alberto, poder difrutar de imagenes tan preciosas y autèntica poesia del campo, de los pajaros, los toros, las colores, el cielo, toda la riqueza incomparable del campo.
    Gracias por este regalo
    Abrazo
    Pedrito, regreso de una enjundia momentànea y parcial de mis ojos.
    que bonito es de VER.....

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    1. Pedrito:
      He llegado a tal obsesión por el campo que cuando me llevo mucho tiempo sin visitarlo me agobio y me deprimo. El campo es algo incomparable que no siempre sabemos apreciar. Para mí es casi mágico.

      ¡Muchas gracias a ti Pedrito! Un fuerte abrazo.

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  6. Alberto:
    Si no es en esa finca, fue en otra próxima en la que vi un montón de conejos y perdices. Lo que había es tanto toro tan vagote. Como siempre, una maravilla, contando con sencillez y hechjizando al que lo lee, sin caer en lo recargado y en las frases hechas. Qué bien lo cuentas.
    Un abrazo

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    1. Enrique:
      Por los alrededores de Medina hay perdices y conejos por todos lados. En cualquiera de las fincas de esta zona puedes disfrutar de su compañía. Los toros no es que sean vagos, es que te faltó paciencia o bien que el campo ese día estaba tímido.

      Enrique intento contarlo como es, con el hechizo propio que tiene el campo. Es él el que le pone el hechizo a estos relatos.

      Un abrazo y ¡muchísimas gracias!

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