miércoles, 2 de octubre de 2013

La perdiz canta y el toro le contesta...

Estas cansado de la ciudad y necesitas despejarte un poco. A media tarde decides dar un paseo por el campo. No tienes mucho tiempo, pero necesitas respirar aire limpio y saborear el olor a pasto mojado después de una semana de lluvias. Solo buscas tranquilidad. Necesitas observar la inmensidad del campo aunque sea por un rato.

Cuando llegas te bajas del coche acelerado. La ciudad, el ruido, los coches, la gente... La rutina te agobia. Una vez en el campo andas hasta perder de vista la carretera. Llegas a un alambrado y te sientas allí. Los toros están detrás del cerro y no se ven, pero te da igual.

La brisa de la tarde otoñal te acaricia la cara. Un pajarillo vuela cercano. Escuchas un mugido detrás del cerro. Entonces piensas en lo bonito que es el campo y, en general, la naturaleza. El campo te absorbe y el poco tiempo que tienes pasa rápido. Tienes que volver a la ciudad de nuevo. Te levantas y andas unos metros, pero, tras de ti, se escucha el batir de las alas en el enérgico vuelo de la perdiz. Se posa en el palo del alambrado donde estabas sentado. Y la observas por un instante. Te admiras de su colorido plumaje y de su belleza. Ella parece mirarte también.


Tras unos segundos vuelves a pensar en la hora y en que tienes que volver a la ciudad. Entonces te intentas volver hacia el coche de nuevo, pero en ese mismo instante, la perdiz parece darse cuenta de que te vas y empieza a cantar.

El campo no quiere que te vayas. Observas a la perdiz cantando e incluso cierras los ojos para disfrutar más de su canto, pero tienes que volver a la ciudad. En ese justo momento la perdiz calla y, a lo lejos, un toro muge desde detrás del cerro. Ella parecía saberlo y hasta vuelve la cabeza para escucharlo. Parece que hablan.

Te crees en un sueño, pero solo estás en el campo. Cada vez que piensas en irte la naturaleza te coge de la mano y no deja que te vayas. Ya no resistes más e incluso te acercas más a la perdiz. Ella, al verte, parece cantar más fuerte y el toro parece mugir más fuerte también.



Disfrutas de su canto un rato más. Te sientes un ser privilegiado. Junto a esa perdiz, escuchando ese sonido y solo con la compañía de la naturaleza. Pero ya si te tienes que ir. Es muy tarde ya y decides volver. Te sientes mal por irte de allí. Sabes que la naturaleza no quiere que te vayas y parece poco lógico no disfrutar más de ese momento. Andas hacia la carretera pero tras tus pasos el canto de aquella perdiz parece sonar aún más fuerte. Entonces decides volverte para mirarla por última vez. Al girarte te das cuenta que aquel toro que le contestaba a la perdiz desde detrás del cerro también estaba allí. Sin que te dieses cuenta te había estado mirando desde hacía un rato. Había acudido a la llamada de la perdiz para impedir que te fueras. Él también pertenece a la naturaleza.


Finalmente, con una sonrisa en la cara, decides volver. Cuando llegas al coche el canto de la perdiz se escucha lejano. Ya con la puerta abierta te paras unos segundos para volverlo a disfrutar y el toro colorado muge a lo lejos. Respiras una bocanada de aire fresco por última vez, como queriendo llevarte ese olor a la ciudad para siempre. Entonces arrancas el coche y te vas del campo. Vas tarde pero no aceleras, no quieres irte de allí. Por el camino piensas en ese momento en el que la perdiz parecía hablar con el toro, en ese olor y esa belleza. Una extraña alegría te llena y te sientes feliz, casi emocionado. Ya en el primer semáforo piensas si contárselo a alguien, pero decides que aquello debe quedar entre el campo y tu. Conduces por la avenida con una sonrisa. Las luces, el ruido y los coches te dan igual, tu cabeza todavía parece escuchar el canto de la perdiz y el mugido del toro...

6 comentarios:

  1. Alberto:
    El campo es que te exige tiempo, mucho tiempo, más del que a lo mejor pensamos dedicarle, pero al final él manda y te retiene lo que le apetece. Es como esas visitas que se hacen a muchas ganaderías, que te suben en el remolque, te pegan la vuelta y te vas, todo hecho con la mejor voluntad y sin otro deseo que hacer que te sientas bien y lo mejor atendido posible. Pero yo quizá prefiero apoyarme en el muro y mirar a ver qué pasa. Tal y como pasó este verano con el amigo Marín, un lujazo. Y hablando bajito, mientras los de las patas negras no te quitan ojo. Lo natural y lo difícil que resulta poder disfrutar del campo.
    Un abrazo

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    1. Enrique:
      Para disfrutar del campo tienes que ir sin reloj, sin móvil y casi sin coche. Tienes que dejar que el campo te acepte y luego tienes que tener mucha paciencia y esperar. Entonces pude que el campo te muestre algo de su belleza o que te invite a venir al día siguiente. El campo y la naturaleza son así. El estrés, la rapidez y la impaciencia no son amigos del campo y del toro.

      Un abrazo amigo Enrique.

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  2. Alberto ,un paseo muy bien aprovechado con los pequeños detalles que a más de uno se nos escapa.Ojalá siga lloviendo y veamos pronto la otoñada y el campo pintarse de verde,porque ya está bien de tanta calor.Vendrán días maravillosos para salir al campo.Al ganado le saldrá el pelo de invierno y se volverán más tranquilos.¿No es así,Alberto?Un abrazo.

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    1. Paco:
      Con la lluvia el campo se limpia, la hierba nueva empieza a crecer, el agua corre por los arroyos y, como bien dices, al ganado le sale el pelo nuevo de invierno. Con el agua las vacas se tranquilizan y los toros también, pero estos últimos los días en los que sale el sol, unido a la fortaleza que le aporta el pienso, empiezan a pelearse.

      Un abrazo y ¡muchas gracias!

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  3. Hola Alberto. Hace ya unos días que no te hacía ningún comentario, pero he seguido disfrutando de tus progresos como vaquero.
    Lo de hoy tiene la belleza de la sencillez.
    Me ha encantado y seguro que cuando tenga necesidad de buscar un rato tranquilo, me refugiaré en el canto de tu perdiz.

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    1. Felipe:
      Yo también he seguido disfrutando de tus progresos en tu "Taller de toros". Algún día me gustaría ponerme delante de un becerro a tu lado y compartir un día de toreo con vosotros. Además no creas que se me ha olvidado ese día de campo que quedó pendiente de este verano.

      El campo es sencillo y complejo, bello a la vez que duro, es natural y ordenado a la vez que desordenado. El campo es, sencillamente, el campo. Algo mágico que, al menos a mí, cada día me gusta más.

      Un abrazo Felipe y ya sabes que ese día sigue apuntado.

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