domingo, 21 de octubre de 2012

Otro invierno más...

Andamos ya por mediados de Octubre y finalizó la temporada. Dentro de poco llega el frío, ojalá que las lluvias y con el recuerdo de la temporada pasada comienzan los preparativos de la siguiente. Mientras, las figuras huyen del frío buscando el calor del nuevo continente. Las plazas españolas quedan vacías salvo para albergar un par de festivales benéficos. En la península nos quedamos sin toros.

Las plazas vacías hasta la temporada que viene
Sin toros en las plazas. En el campo mientras maduran esos utreros todavía con cara de jovencitos encontramos muchos hermanos suyos del curso anterior. Corridas enteras, toros rematados listos para lidiarse vuelven a echar el pelo de invierno. Mientras sus hermanos pequeños pasan a ser toros cuatreños ellos pasarán a ser cinqueños. Un año más en el campo. Disfrutarán del olor a tierra mojada de nuevo, verán nacer la hierba, se volverán a pelear al empezar la primavera... y seguirán comiendo su ración de pienso diario. El ganadero mientras tanto sigue echándoles dinero encima seguramente a sabiendas que no lo recuperará.
Los cinqueños volverán a llenarse de barro de nuevo
El frío y las nubes se acercan de nuevo al campo bravo y se traen de la mano a multitud de veedores de plazas importantes. Acompañados del ganadero echan un vistazo a la camada del año que viene. Aquellos novillotes que empiezan a hacerse toros sufren las visitas del coche y sus acompañantes cada dos por tres. Mientras tanto los cinqueños disfrutan tranquilos en su cerrados. A ellos no los molesta nadie. No interesan. El empresario sabe que los toreros no quieren cinqueños y para no tener problemas reseña solo a cuatreños.
El veedor observa desde el coche la camada del año que viene
 El ganadero sabe que no servirá de nada aguantar esos toros hasta la primavera que viene con la esperanza de lidiarlos. Y busca alternativas. Algunos los dejará por si le sirven para cualquier emergencia pero a la mayoría hay que buscarle salida. Debido a la época del ladrillo esos toros tendrán otro destino. El ladrillo hizo que los festejos subiesen y el ganadero subió producción puesto que todos los años le pedían más toros de los que tenía. Pasados cuatro años se han reducido muchos festejos pero esos toros ya se habían engendrado y esperan destino sin obtenerlo. También es el ladrillo culpable de que muchos empresarios ajenos al toro comprasen ganaderías por capricho, para ver sus nombres en los carteles y presumir delante de sus amigos. Pero eso trajo consecuencias para el ganadero de verdad. Hay mucho toro en el campo y barato. Hay que bajar precios, perder más dinero de lo normal y aun así la nómina de cinqueños es abundante.
Toros ya rematados y bien presentados se acumulan en el campo
Las soluciones son varias. Cuesta vender a los cuatreños por lo que ponerle destino a los cinqueños resulta tarea imposible. Muchos toros de cuidada presencia, rematados, con hechuras e incluso con nota se agolpan en el campo. Una opción es torearlos a puerta cerrada. Así por lo menos puedes ver como saldría ese toro, si acertaste al hacer los lotes, si la madre da bien y ligó con el padre, las virtudes del animal y sus defectos, y si el toro te gusta puedes tener incluso la opción de dejarlo de semental. ¿Entonces que problema hay? El económico. Lidiándolo a puerta cerrada no obtienes nada o casi nada. Le pierdes mucho dinero.

Otra opción, sobretodo si el toro tiene presencia, es el mercado de los festejos populares. En el levante español se pagan bien los toros para las calles. Es una buena salida pero también con sus inconvenientes. Primero que todos los cinqueños que tienes no vas a tener la suerte de venderlos a un buen precio. Y segundo que los que vendas no los vas a poder ver. No podrás sacar conclusiones con ese animal puesto que no lo verás embestir a un caballo ni a una muleta. No sabrás que reacciones podría tener.

Así que o lo vendes a las calles sin verlo, lo lidias a puerta cerrada perdiéndole más dinero de lo habitual o lo mantienes un año más con la esperanza de lidiarlo en la temporada que viene con el consiguiente coste que eso supondría...

Mientras tanto el otoño va avanzando, los toros del año que viene se van cuajando, los de este año verán otro invierno más pasar por su vida mientras el ganadero pierde dinero. El frío llega y las figuras se van. Termina la temporada española y comienza la americana. Las plazas se quedan sin cornúpetas y en el campo millones de toros claman al viento, al frío y a la lluvia por encontrar destino la temporada que viene... 

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