viernes, 19 de octubre de 2012

Tradiciones en extinción

El otro día, para despejarme un poco de tanto estudio decidí dar un paseo por Cáceres. Estaba un poco cansado de tanto libro y la "querencia" me marcó el paseo que siempre utilizo para renovar la mente. Me gusta pasear por la parte antigua, por esas calles empedradas y esas casas con tantos años de vida. Me siento en otro mundo, parece que viajo en el tiempo y me imagino todos esos castillos y murallas antiguas hace muchos años atrás. Pienso en cuantas historias habrán vivido esas piedras, en cuantas personas habrán paseado por esas calles, que cosas contarían si hablasen sus columnas...

Y recapacito un poco y pienso que en el campo me pasa igual. Cuando paseo a caballo también me siento en otro mundo. Cuando me hablan de un herradero me imagino los hierros calentándose en las boñigas de las vacas madres, las cuerdas para amarrar a los becerros, los vaqueros y chavales jóvenes tirando a los futuros toros a la arena para que sean marcados, el polvo que producía el becerro al levantarse y arrancarse al último que lo soltaba que era el del rabo y luego el perro se lo llevaba fuera para continuar con la faena, el olor a pelo quemado, la caída de pepito o juanito, el ganadero orgulloso de herrar a sus becerros…

El perro se llevaba fuera los becerros para continuar con el herradero
Pienso en un traslado de vacas de una finca a otra y veo a los mayorales y vaqueros con el traje de corto, los zahones y el sombrero bien puesto. Veo a los bueyes de guía con las campanillas y a los de zaga con los grandes cencerros y la albarda con la comida para el largo camino. Las vacas con sus becerros pegados al costado y los caballos con su paso rítmico detrás de ellas. La polvareda del camino, las voces de los vaqueros, los berreos de las vacas…

Los bueyes de guía amarrados al caballo del vaquero por las antiguas veredas
Una tienta me recuerda a aquello de muchos maletillas con sus muletas rotas y sus gorrillas esperando en la tapia y los burladeros, al ganadero guiando la faena mientras apuntaba todo, al torero vestido de corto respetando a las becerras y el ritual propio del campo, el picador y la arrancada de lejos de la vaca. Silencio en todo momento, la respiración del animal, la puerta que se abría…

Cuando me hablan de aquello de buscar a un becerro recién nacido pienso en el vaquero con su caballo, con su libreta y el capote de agua, buscando al pequeño animal por todos los escondrijos del cerrado para bajarse sin hacer demasiado ruido, cogerlo cerrándole la boca  y hacerle la señal de oreja con la navaja y luego apuntar a la madre, el pelo del becerro y si es macho o hembra. O en el caso de no encontrarlo coger una cuerda y un palo y cogerlo a la carrera cuando el becerro estuviese más crecido.

El vaquero buscaba al becerro hasta encontrarlo entre la maleza de la finca
Ese trabajo tan rutinario de echar de comer me trae a la memoria al chaval y al vaquero con una mula o un buey y un carro entre las pilas de piedra de cerrados de toros vaciando los sacos de pienso. Los veo en verano o invierno, hiciese calor o lloviese, que los animales tenían que comer su ración todos los días…

El encargado del pienso preparando los sacos encima del buey para llevárselo a los toros
Cuando me hablan de la profesión de mayoral no puedo dejar de pensar en ese hombre que se conocía a los toros como a la palma de su mano, ese que llegaba al campo antes de amanecer y se iba al anochecer, el que con su caballo y garrocha apartaba los animales con ejemplar maestría y era experto amparador en el acoso y derribo. Ese hombre que defendía el orgullo de sus toros en todas las plazas de nuestra geografía y representaba al campo al que pertenecían.

El mayoral recogía los bueyes todas las mañanas para empezar el trabajo
Pero todo eso se perdió. Del herradero solo queda el olor a pelo quemado y se ha mecanizado todo con un cajón, la transhumancia antigua se quedó en un camión y se perdieron los bueyes y su doma, los caballos y  los cencerros. En la tienta se perdió la seriedad y ahora sirve solo para el disfrute de los toreros, los maletillas ya no se hacen largas caminatas entre finca y finca sino que van en los coches de sus papás. Los becerros recién nacidos ya no se buscan, se meten todos cuando son más grandes en una manga para ponerles esas horrorosas chapas naranjas. Para echar de comer ya no hay una mula y un carro, ahora hay un tractor y una máquina y un hombre que sabe más de maquinaria que de ganado, las pilas de piedra se perdieron y se cambiaron por cómodos comederos de latón. El mayoral es un trabajador más que llega al campo a las nueve y a las cinco o seis de la tarde ya está en casa, que no sabe qué es eso del acoso y derribo, que aparta los toros sólo en los corrales y que ni sabe cómo se ponen unos zahones…

Los utensilios antiguos del campo de antaño adornan los caseríos actuales
Y sé que hemos ganado en comodidades, que los tiempos cambian, que ahora todo es mucho más moderno y menos sacrificado, pero cuando voy al campo veo casas medio derruidas, pilas antiguas donde ya no comen toros sino que sirven de adorno para el cortijo y el carro de echar de comer puesto en el jardín. Y ya sólo queda imaginar cómo era todo antes al pasear por los cerrados como paseo por las calles antiguas de Cáceres, imaginar cuántos toros habrán comido en esos comederos y hablar con las columnas del campo que son esos vaqueros y mayorales que como recuerdo y respeto a los que se fueron sostienen sobre sus hombros estas tradiciones en extinción del campo bravo.

4 comentarios:

  1. Alberto:
    Todavía hay muchas ganaderías que siguen herrando al estilo tradicional. Quizás en esta lo único que no se utiliza ya son las moñigas de vacas, pero todavía "rabeo" a mas de uno al cabo del año. Ya ves, soy el último que me quedo con ellos y los encamino hacia la salida. Que mis sustos me cuesta. Incluso luego los veo lidiar en la plaza y me acuerdo de como los saque del corral rabeando y cual de ellos me dio el susto.

    Pero por lo demás todo ha cambiado como bien dices. Pero la entrada es muy bonita. Por cierto, yo también me pongo a pensar cuando me acerco a las calles de Cáceres y Mérida cuando me puedo escapar allí.

    Un saludo.

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    1. MARIN:
      Se que todavía hay ganaderías que hacen el herradero a la antigua usanza, y también algunas de las faenas que pongo "en extinción" como la de buscar los becerros recién paridos, todavía hay ganaderías donde se observan tientas bien hechas, también quedan mayorales y vaqueros de los de antes... Pero en general estas tradiciones las veo en extinción, muchas de las ganaderías que conozco cuando era pequeño herraban a mano y hoy en día lo hacen en cajón. Se que todavía quedan que guardan tradiciones pero, por desgracia, cada día son menos.

      Muchas gracias MARIN. Un saludo.

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  2. Alberto, quiero felicitarte por tu blog. Me parece magnífico y me alegra la tarde cada vez que veo que has puesto un post nuevo.
    Este de hoy me recuerda muchas cosas, pero la nostalgia no conduce al futuro.

    Nota: Me matan las letras blancas sobre fondo gris. Prueba a cambiar los tonos de los colores. Un abrazo

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    1. F.Romero: Ante todo muchas gracias por visitar el blog y por tu felicitación. Me alegra que te guste.

      Ya se que la nostalgia no conduce al futuro, pero pienso que se han perdido muchas tradiciones y el saber de muchos vaqueros y mayorales antiguos. Pero como bien dices hay que avanzar y pensar en el futuro.

      A mi también me matan las letras blancas sobre fondo gris pero he intentado cambiarlas y no se porqué no soy capaz (es que aparte que soy nuevo en esto las nuevas tecnologías no son lo mío) pero lo seguiré intentando.

      De nuevo gracias, ahora que acabo de empezar con esto del blog me anima y ayuda bastante que me apoyeís y deís vuestro parecer.

      ¡Un abrazo!

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