Era el último día en casa después de una semana y fue un día de sorpresas. Todo empezó mal y nada apuntaba a que ese domingo de resurreción fuese un día especial. Como siempre, me levanté temprano y lo primero que hice fue mirar por la ventana. El agua corría por las cuestas de Medina y el cielo no pintaba mejoría. Era el último día en mi tierra y quería aprovecharlo. Las botas de agua esperaban al pie de la cama para el último paseo por el campo hasta bastante tiempo, la cámara esperaba cargada en su funda para hacer algunas fotos con las que animarme durante el exilio en la ciudad, la gorra campera esperaba también pero nada se podía hacer. Llovía a mares.
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| Las nubes cubrían Medina y no me dejaban ir al campo |
Me llevé toda la mañana en casa esperando el milagro que no llegó y el único consuelo eran las crónicas de una corrida de mi tierra que el día anterior había salido bastante buena en Arles. La de Torrestrella sirvió con algunos toros buenos y me entretuve buscando algunas fotos y leyendo resumenes y comentarios.
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| "Frutero", nº 31, de Torrestrella. Con él Fandiño hizo la mejor faena de la feria |
El cielo seguía descargando agua y la pena por no poderme despedir del campo me invadía. Al llegar la tarde fui a ver la corrida de Cebada en Arles y me empezó a entrar la alegría. Las sorpresas empezaron a surgir. Pude ver lo que hacía tiempo que no veía, un tercio de varas en condiciones, un toro bravo en varas, una corrida variada, la confirmación de la recuperación de una ganadería que me encanta, un torero que se la jugó como tienen que hacer los toreros... La corrida al menos me alegró un día de despedida.
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| Los astifinos y encastados toros de Cebada me alegraron la tarde de la despedida |
Y cuando ya iba en el coche para casa, como despedida, decidí ver el campo al menos desde la carretera. Pasé primero por "La Canaleja", luego por "Los Alburejos", llegué a "El Toñanejo" donde di la vuelta y para volver al pueblo pasé por "La Quinta". Entonces me llevé otra grata sorpresa. Iba despacito porque había varías vacas pegadas a la carretera y, de repente, veo un toro colorado entre ellas. No lo pude ver bien porque entre lo nublado del cielo y que era casi de noche había muy poca luz, pero enseguida me vino una idea a la cabeza ¿Será Ciclón? Aceleré hasta la rotonda, di la vuelta y dejé el coche donde pude. Me bajé a toda prisa y las vacas se asustaron y salieron corriendo de allí. Detrás iba Ciclón. Estaba en las vacas. Con los pies llenos de barro hasta el tobillo, mojado pero con una sonrisa que no me cabía en la cara volví hacia el coche. Ya casi que me había despedido.
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| Bajo las nubes, allí a lo lejos, estaba Ciclón junto a las vacas |
Llegué a casa resignado de mi vuelta a Cáceres, pero contento, y me puse a hacer la maleta. Después de cenar llamé a mis compañeros de viaje y me dijeron que salíamos después de comer, sobre las cuatro. ¡Tenía una mañana más! Y ya sabía a donde iba a ir.
Me levanté temprano, miré el cielo y parecía que ese día si iba a respetar mi despedida. Estaba amaneciendo y ya estaba en el campo. Las vacas estaban dispersas por el amplio cerrado y mi afán era encontrar a mi amigo Ciclón. Tras andar un buen rato lo pude encontrar. La alegría me invadió. Allí estaba él, rodeado de vacas y becerros, orgulloso de ser un nuevo semental. Me miró con indiferencia y siguió con el cortejo a su primera compañera.
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| Ciclón rodeado de vacas y becerros... |
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| ...y cortejando a su primera novia, esta bonita vaca colorada |
Me llevé tras él toda la mañana. Desde lejos, sin molestarlo, disfrutaba de verlo entre las vacas. Le hice cientos de fotos. Disfruté de ver a un amigo tan feliz, de ver el final de una preciosa historia que jamás olvidaré. Cuando se acercó la hora de comer me fui a casa sabiendo que ahora sí me iría de mi tierra por un tiempo. Me fui contento por haberme podido despedir del campo y por la alegría de un amigo, de mi amigo Ciclón.
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| Ahora cuento los días hasta la próxima visita a mi amigo... |