jueves, 4 de septiembre de 2014

Viviendo el pasado: Herradero de Cuadri

Un tarde cualquiera paseo por mi pueblo, Medina Sidonia. Finales de verano y el calor aprieta. Mis paisanos me regalan las calles por un rato. Soledad y silencio. Silencio en parte, porque en soledad, las piedras hablan. Una pared me cuenta que un día tuvo el hueco de una puerta. Sigo andando y tras la esquina me parece encontrar al burro del lechero repartiendo leche por las callejuelas de Medina.

Una pared me cuenta que un día hubo una puerta...
...tras la esquina me parece encontrar al burro del lechero...
Más adelante una cruz me indica el lugar de una antigua ermita. El silencio sigue presente, pero ya no voy solo. El recuerdo de un pueblo me acompaña, el recuerdo del pasado. Llego a un cruce de calles. No hay nombres modernos. Una calle se llama Ganado, curiosamente la calle que la cruza se llama Manso.

Una cruz me enseña el recuerdo de una vieja ermita...
...y llego a un cruce de calles...
Camino despacio, dándole tiempo al pasado a que me cuente la historia de mi pueblo y de su gente, pero entonces el silencio se rompe. La reja de una ventana deja escapar un fandango que da gusto escuchar. Un pajarillo se posa en el tejado de enfrente a disfrutar. El gato de la vecina se asoma al balcón para paladear el cante, tan andaluz como el arco que tengo que atravesar para continuar mi camino en busca del pasado.

La reja de una ventana deja escapar un fandango...
...un pajarillo se posa en el tejado de enfrente para disfrutar...
...y el gato de la vecina se asoma para escuchar...
...un cante tan andaluz como el arco de la Pastora...
Empieza a caer la tarde, corre una suave brisa marinera y la gente sale a la calle. Buscando a mi compañera la soledad sigo subiendo por las callejuelas de mi pueblo. Casi llegando arriba del cerro me vuelvo y contemplo la bahía de Cádiz por encima de la muralla ¿Dónde estarán aquellos que pusieron esas piedras?

Subiendo, tras la muralla, contemplo la bahía de Cádiz...
Tras un rato llego arriba del todo, la tarde cae y el sol, con timidez, ilumina la muralla de una civilización perdida, guardando miles de secretos entre sus rendijas. Solo y algo cansado me siento a contemplar el atardecer. Entonces pienso ¿cuántos secretos se habrán perdido? ¿cuántas personas habrán visto este atardecer antes que yo? ¿cuántas tradiciones habrán desaparecido para siempre? El día descansa y aparece la noche. Vuelvo a casa con la sensación de haber sentido el pasado, con las ganas de viajar años atrás para no solo sentirlo o intuirlo, sino para verlo...

El sol, con timidez, ilumina las murallas de una civilización perdida...
...y contemplando el bello atardecer, pienso...
Pocos días después, pensando en el Toro, vuelvo a "Comeuñas". Nada más entrar esa sensación me vuelve a recorrer el cuerpo ¿Cuántos toros habrán comido de esa hierba que alimenta a los utreros al amanecer? Sigo adelante y la pequeña casa sigue en pie, esperando a un dueño que se fue...

Los utreros comen al amanecer...
...mientras la casa sigue esperando a un dueño que se fue...
Esa sensación de sentir el pasado me acompaña, hasta que llego a los corrales de la finca. Entonces dejo de sentir el pasado y empiezo a verlo. Hoy toca herradero de los machos del guarismo cuatro. Unas manos sabias preparan, con una cuerda y un palo, el lazo para coger a los becerros. Primero parece querer coger la sombra del sombrero de ala ancha. Luego espera la orden apuntando hacia el cielo, para no molestar a los animales. Cuando los hierros están calientes el lazo baja al corral y se mete entre los becerros. El hombre que lo maneja, con suma maestría enlaza al primer macho, un becerro bien criado que ya apunta a la morfología típica de los toros de Cuadri.

Unas manos sabias preparan el lazo...
...que intenta coger la sombra del sombrero de ala ancha...
...espera paciente a que los hierros se calienten...
...y coge al primer macho de Cuadri...
Después la cuerda se pasa a los que esperan fuera del corral y, con mucho cuidado, tiran del becerro hacia fuera. Aquí no hay cajón, aquí no hay modernidades, aquí se guardan las tradiciones. El encargado de barbear al becerro lo hace rápido, con decisión, sin titubear. En un segundo el becerro está en el suelo sin tiempo a reaccionar.

El becerro sale al corral...
...el hombre lo barbea sin titubear...
...y queda en el suelo inmóvil, sin poder reaccionar...
La libreta espera paciente. D. Fernando Cuadri pone el hierro de la casa, de su casa. El becerro está herrado y se suelta con seguridad y rapidez. Todo el mundo espera paciente y tranquilo, refugiado y quieto, a que el becerro salga del corral. No hay movimientos bruscos ni tampoco voces. En el campo el tiempo lo marca el animal y el respeto al Toro es primordial. El ganadero observa la salida de sus becerros y posteriormente vuelve a su libreta.

La libreta espera paciente...
...D.Fernando pone el hierro de la casa...
...de su casa...
...una vez herrado el becerro se suelta...
...el ganadero observa la salida de sus becerros...
...y vuelve a su libreta...
El herradero prosigue con tranquilidad. El respeto al Toro se respira y se mezcla con el olor a pelo quemado de los futuros toros de Cuadri. Lazos, hierros, hombres y becerros. Aquí si puedo ver el pasado. Las manos sabias y curtidas del antiguo mayoral esperan junto a las navajas para hacerle la señal de oreja a los becerros.

El respeto al Toro se mezcla con el olor a pelo quemado...
...mientras la manos del antiguo mayoral esperan para hacer la señal de oreja...
La faena prosigue mientras la Virgen vigila que todo salga bien desde la gorra del mayoral. Uno de los becerros observa sorprendido como se llevan a su hermano. Él será el siguiente. Las navajas se afilan y aparece el recuerdo. El pasado dentro del pasado. El número 18 marca a otro becerro negro. Quizás el destino ponga en la plaza dentro de cuatro años a otro toro tan bravo como "Trastero"...

La Virgen vigila la faena desde la gorra del mayoral...
...uno de los becerros observa sorprendido como se llevan a su hermano...
...él será el siguiente...
...las navajas se afilan...
...y aparece el recuerdo de "Trastero"...
Ganadero y mayoral tiran de la cuerda para sacar a otro de los becerros. Es barbeado de nuevo y tras ser soltado parece acordarse de aquel que le cogió la cabeza y se vuelve, ya herrado y con la señal de oreja hecha, y mira desafiante a todos los presentes.

Ganadero y mayoral tiran para sacar a otro becerro...
...que sangrando todavía por la oreja se vuelve desafiante...
Los becerros vuelven al campo al paso, tranquilamente, aún son pequeños pero ya apuntan las hechuras de lo que serán, toros de Cuadri... Acaba la faena como empezó, con el respeto al toro y la humildad por bandera, respetando las tradiciones. Una agradable tertulia prosigue a la faena. Como los antiguos, la familia Cuadri ofrece su casa. Humildad, armonía y afición llenan el ambiente. Un hombre, sentado al lado de una carreta parece recordar un pasado que vivió...

Los futuros toros de Cuadri vuelven al campo tranquilamente...
...y tras la tertulia un hombre parece recordar un pasado que ya vivió...
"Legionario", con su mirada noble, me despide y mientras vuelvo al presente pienso que, quizás, "Comeuñas" sea como esas piedras de las murallas de Medina, que en sus rendijas guarda los secretos y el pasado del campo bravo, tradiciones perdidas y hombres de los que ya no quedan, como una civilización perdida...

jueves, 7 de agosto de 2014

Un mayoral de la vieja escuela: Paco Gómez (II)

Noche veraniega en Medina Sidonia. Intento dormir pero no puedo. Después de un verano más bien fresco empieza a hacer calor. La ventana abierta y la persiana hasta arriba deja entrar una suave brisa procedente del mar que refresca la noche. También deja entrar belleza. Las estrellas brillan en un cielo despejado y el silencio de la noche da una sensación de paz increíble. Cualquiera diría que es el ambiente perfecto para dormir, pero todo lo contrario. Es imposible dejar de observar el cielo, de escuchar el silencio, de pensar. Te metes en ti mismo tanto que ya no sabes si estas despierto o dormido. Entonces el silencio de la noche se rompe por un momento. Un mochuelo la adorna con su voz. Desde la ventana intento encontrarlo en la oscuridad. Es prácticamente imposible y decido disfrutar del momento. No importa donde está. Entonces ese sonido me recuerda a algo. Pienso en aquella vez cuando, estando en Cáceres, imaginé a aquellos mochuelos al pie del acebuche mientras subía al castillo de Torrestrella. No podía ser el mismo. Aquel era fruto de la imaginación y este es real ¿O quizás si sea el mismo?

Entonces vuelvo a recordar la historia del bueno de Paco, conocido como "Macario", que nació detrás del castillo de Torrestrella y se crió por los patios de "Los Alburejos". El destino quiso que aquel niño que aprendió en una de las casas de más solera del campo bravo desarrollase todo lo aprendido detrás del castillo pero un poco más lejos, en la finca de "Las Cobatillas", como mayoral de la ganadería de Ana Romero. 


Paco es de los pocos mayorales a la antigua usanza que quedan. Él no lo sabe, pero en su forma de trabajar le hace un homenaje diario a todos aquellos que lo enseñaron.  Primero le hace un homenaje a su padre. Él le echaba el pienso a mano a los multicolores "torrestrellas" y su hijo lo hace ahora con los cárdenos "anaromeros". 

Su padre le echaba el pienso a los "torrestrellas" y él a los cárdenos de Ana Romero...
Después recuerda a uno de los hombres que más ha admirado. A D. Álvaro Domecq y Diez. Aquel hombre todo lo hacía despacio y templado. Al paso. Y repasaba el ganado varias veces al día. Paco no iba a ser menos y es de los pocos que quedan que repasa animal por animal dos veces al día, mañana y tarde, llueva, haga calor o levante. Muy despacio, sin prisa, al son que marca el paso del caballo. Sin molestar al ganado. Resulta increíble como las vacas lo conocen. Parece incluso hablar con ellas. Él pasea entre ellas y ellas apenas lo miran. Para las vacas Paco es un compañero más, aquel que las respeta y mira por su bienestar. Algunas lo miran como queriendo saludarlo, otras siguen comiendo indiferentes, con la confianza que da la rutina. Hasta el becerro lucero deja de jugar de embestir al grajo para jugar a embestirle a él. 

Repasa las vacas dos veces al día aunque llueva...
...con pausa y temple, sin molestar al ganado...
...algunas vacas ni levantan la cabeza...
...y otras lo miran como queriendo saludarlo...
...incluso el becerro lucero que juega a embestir al grajo...
...prefiere jugar a embestirle a él...
Tras repasar las vacas y recordar a Don Álvaro, Paco recuerda a Juan Cid. El que fuese mayoral de Torrestrella, la mano derecha de D. Álvaro. Todavía por los patios de Los Alburejos las piedras parecen recordar a un hombre valiente y aguerrido como pocos. "Macario" se impregnó de ello desde niño. Hoy derrocha valor con unos toros tan complicados como son los de encaste Santa Coloma.  Los conoce desde que nacen y sabe cuales son sus reacciones con solo verlos andar. Sabe tratarlos con delicadeza y también con dureza cuando se lo merecen, como cualquier padre haría con un hijo. Conocedor de su reata, de sus hechuras y su comportamiento Paco es un catedrático de los toros de Ana Romero. Conoce a las madres y abuelas de cada toro y se acuerda de hasta donde le puso la chapa a aquel becerro que ahora escarba en uno de los cerrados esperando a ser lidiado en una plaza de relevancia. 

Derrocha valor con unos toros difíciles de tratar...
...sabe actuar con temple o con dureza según la situación...
...y recuerda hasta donde enchapó a cada uno de los toros...
Y luego, como todos los genios, tras inspirarse en aquellos que le enseñaron, Paco aportó su propio grano de arena al campo bravo. Quizás sea el único que lo haga aunque a él no le gusta presumir de ello. Cuando pare una vaca él lo sabe. Tiene en su cabeza las vacas que están a punto de parir y como las ve todos los días dos veces sabe cual es su estado a la perfección. Muchas veces se para delante de una vaca un buen rato como esperando a que la vaca le diga algo que solo él entiende. Cuando una vaca pare Paco normalmente sabe que iba a parir o incluso se tiene que parar en la lejanía porque la vaca esta pariendo. Entonces se acerca despacio y se para delante de la madre y su retoño. Observa si es macho o hembra y desde encima del caballo le pone el crotal al nuevo becerro sin tocarlo. No hay carreras, no hay voces, ni lazos, ni coche. Desde encima del caballo, con la tranquilidad del campo, Paco marca a sus becerros sin molestarlos. Las vacas conocedoras de la lealtad de su mayoral lo dejan actuar con total naturalidad. 

Sabe cuando una vaca está a punto de parir...
...hay veces que se para como esperando a que la vaca le diga algo...
...en ocasiones tiene hasta que esperar porque la vaca está pariendo...
...luego se acerca con tranquilidad...
...y enchapa al becerro desde el caballo, sin molestarlo...
Y es que "Macario" anda por el campo y no molesta. Respeta a las vacas y a los toros, a las flores, a los animales salvajes y hasta al aire. Es como un trozo más de la naturaleza. Nació en el campo y ha vivido toda la vida en el campo. Es una enciclopedia del toro y la naturaleza. Cuando sus toros se lidian viaja en el camión con ellos. En los corrales los toros se relajan con su voz. Los ve nacer, los acompaña durante toda su vida, día a día, hasta su destino en la plaza. Ellos ven en él a un trozo de su vida y de su hábitat. 

Paco es como un trozo más del campo, de la naturaleza...
...ve a sus toros nacer...
...los cuida con mimo durante toda su vida...
...en los corrales los toros se tranquilizan con su voz...
...y los acompaña a su destino, a la plaza...
Amigo de sus amigos, respetuoso y educado, como el campo le enseñó, porque el campo es una escuela de la vida. Todos los días, mientras repasa las vacas, el águila imperial le espera y le saluda, incluso si tiene una presa entre las garras. El respeto da confianza. Cuidadoso de sus caballos y de sus toros. Quizás algo cansado de toda una vida en el campo, aunque más bien, cansado de un mundo taurino cada vez más desleal, Paco sigue, después de 32  años al servicio de la ganadería repasando sus vacas . Y de vez en cuando, caminando por el "Lomo Alto", la mirada se le va de una de sus vacas al lejano castillo de Torrestrella. Sesenta años han pasado desde que un niño nació detrás de aquella fortificación. Mirando aquel castillo vienen muchos recuerdos, "La Granja", "Los Alburejos", Don Álvaro, Juan Cid, su infancia... entonces vuelve a mirar a la vaca y vienen muchos recuerdos más, sus toros, sus vacas, "Marquito", la corrida del Puerto, su vida... y sigue caminando por "Las Cobatillas", algo cansado, esperando a que una de sus vacas para un bonito becerro cárdeno para enchaparlo como él solo sabe y cuidarlo durante toda su vida como un mayoral de la vieja escuela...

Amigo del águila...
...cuidadoso con sus toros y sus caballos...
...de vez en cuando, observando una de sus vacas...
...se le va la mirada al castillo de Torrestrella y le vienen muchos recuerdos...
...y sigue caminando uno de los últimos mayorales de la vieja escuela...
Y el mochuelo volvió a piar. Miré hacia la ventana y estaba en las tunas de enfrente, como queriendo que lo viese. Se quedó mirando un rato y se fue piando a otra parte, rompiendo el silencio de una bonita noche de verano en la que ya no sabes si estas despierto o dormido...