El secreto de la bravura es el saber más deseado por ganaderos, por
toreros y casi por cualquier aficionado que se precie. Los primeros para
buscarla, los segundos para rehuírla y los terceros para disfrutarla.
La bravura es el fundamento de todo, es el centro de nuestra fiesta, es
como el grial de la tauromaquia. Eso que todos buscan ansiadamente y que
muy pocos consiguen, o cuando creen que lo están consiguiendo llega el
toro y demuestra que no, poniendo a cada cual en su sitio. Le inquieta a
los ganaderos el saber cómo se llega a ese secreto, cómo se consigue la
bravura con seguridad de que no te estás equivocando.
Y
esa búsqueda no es nueva ni mucho menos, ya muchos ganaderos antiguos
buscaban la bravura. Se creía y se cree que está basado en la selección,
que cada animal lo lleva en sus genes. Pero ¿siempre es así? Esta
teoría funciona a veces y otras no. Toros de alta nota de madre y de
padre, hermano de un toro de bandera puede salir manso. Toros en los que
el ganadero tiene puesta mucha confianza hay veces que fallan, y sin
embargo algún becerro de alguna vaca de desecho en el que no confías puede ser el mejor de toda la camada. Puede que se acerque a
la incógnita pero está demostrado que no es del todo fiable. Todavía
queda ese halo de no saber que va a pasar.
Otros ganaderos pensaban que eran las hechuras. Un toro con buenas hechuras suele embestir. Toros bien hechos, cuesta abajo, con el peso que le quepa en su caja, largos, armónicos... Suelen salir buenos. Pero esta teoría también falla. Vemos muchos toros preciosos que no embisten y luego vemos otros feos y mal hechos que sí lo hacen. Suelen embestir más los de buenas hechuras pero hay más excepciones de la cuenta. Otra teoría que no sirve.
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| Los toros con las hechuras como éste suelen embestir |
Todos sabemos que cuando sale una corrida mala, suele salir entera y cuando sale buena suele salir entera también. Y si que es cierto que, en ocasiones, todos los toros que se paran en una camada salen en la misma corrida, todos los que mansean igual y todos los buenos igual. No ocurre siempre pero suele ocurrir. Y esto llevó a los ganaderos a formular otra hipótesis ¿no será que influye el día, la temperatura, la altitud...? Es cierto que a los toreros los días nublados les gusta. Y muchos ganaderos empezaron a recoger datos. Algunos incluso se dieron cuenta que en determinadas poblaciones donde el agua es muy diferente a la que bebían esos toros en el campo los animales tenían problemas digestivos y perdían fuerza parándose antes. Pero esto siempre no es así. También se ven encierros en los que sale de todo. Y las condiciones climatológicas son para todos las mismas, con lo que esta teoría tampoco nos sirve.
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| Las condiciones ambientales, de los corrales... es para toda la corrida igual |
Otra cosa que se dice por ahí, que por cierto está muy de moda ahora, es el "manoseo" o "humanización" de los toros. Esto quiere decir que los toros cuantas más veces hayan entrado en la manga, cajón, corrales, hayan sido visitado por los hombres, y en definitiva, cuanto más contacto hayan tenido con el hombre menos embisten. Ahora es cierto que el toro está más en contacto con el hombre que antes. Antiguamente vivía de forma más salvaje y con menos control. Pero esta teoría serviría si todos los animales de una ganadería donde ponen fundas y se manosea más al toro saliesen mansos y si todos los animales de una ganadería donde el animal vive de forma más salvaje saliesen bravos. Pero resulta que esto no es así. En todos sitios salen bravos y mansos, y se supone que todos los toros de una misma ganadería tienen el mismo o parecido contacto con el hombre. Por lo que otra hipótesis más que no nos sirve.
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| El contacto con humanos es frecuente en la actualidad pero para todos por igual |
Son muchas las hipótesis y aún hay más. Otros piensan que la bravura se "ve". Que cuando ves un toro en el campo ese toro te dice con la mirada o con su expresión si es bravo o no. Te dice algo que hace que confíes más en ese animal. E incluso se le puede llegar hasta intuir las fuerzas o la forma de embestir al verlo moverse en el campo. Dice el gran Florito, mayoral de las Ventas, que él sabe cuando un toro o una corrida viene bien o mal de fuerzas. Y me lo creo. La clave está en saber observar y apreciar lo que te dice el toro con sus movimientos. Captar lo que él te está diciendo. Normalmente los vaqueros y mayorales tienen predilección por algún toro en especial. Porque ese toro les transmite. Pero hay veces que esos toros en los que tanta confianza pones también fallan. Y otro en el que pensabas que no iba a embestir sale el más bravo de todos. Con lo que otra hipótesis que se cae de la lista.
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| La expresión de "bravo" fundamental |
Otra más dice por ahí que hay que lidiar al animal en el momento justo. Que ellos también tienen etapas. Que con el tiempo va cambiando su carácter. Es lógico pensar eso puesto que los añojos y erales suelen moverse mucho y tener una embestida más alegre y fácil de llevar, mientras que los cinqueños suelen aprender antes, se paran y se reservan mucho más las fuerzas. Y eso es porque la edad, el momento en el que se lidia influye. Pero hemos visto multitud de cinqueños embestir y algunos ganaderos incluso los prefieren a los cuatreños. Con lo que esta teoría tampoco nos sirve.
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| La edad y estado del animal influyen en su comportamiento |
Teorías e hipótesis hay muchas más y cada uno tiene la suya. Personalmente pienso que es una mezcla de todo. Que para que salga un toro de bandera se tienen que reunir muchas variables. Si tiene buena reata y hechuras, se lidia en el justo momento que es el momento en el que te transmite "eso" en el campo, se ha manoseado poco durante su vida y encima le toca el torero o la plaza adecuada ese toro sale de bandera. Si cambia alguna de esas variables ese toro a lo mejor saldría de otra forma.
A la hora de "adivinar" como saldrá un toro me dejo influir mucho por las hechuras. Veo un toro y es lo primero que me llama la atención. También que el toro esté en tipo de la ganadería, que es, en parte, una variable de las hechuras. Antes sólo me dejaba guiar por eso, acertaba mucho pero también solía fallar y me di cuenta que esa variable sola no era demasiado fiable.
Pasado un tiempo junté esa variable con otra, que incluso la tengo más en cuenta que la anterior. Me gusta mucho y hago siempre mucho hincapié en lo que te transmite el toro con su mirada, con sus movimientos, con su expresión. Creo que ahí está la clave. En la mirada del toro se lee su comportamiento. Pero hay que saber leerlo y no siempre es fácil y se acierta. Y si sabes leerlo bien hay otro problema ¿cómo consigues eso? No se sabe. Es el Secreto de la Bravura.