jueves, 10 de octubre de 2013

Tienta de hembras

Las hembras, con dos años cumplidos, deben enfrentarse a su destino. Llega el momento de demostrar su bravura en la plaza de tientas, llega el momento del tentadero. Ahora toca ganarse la vida en el ruedo. Del comportamiento en la tienta dependerá el futuro. Algunas se ganarán la vida regalada en la naturaleza con el único deber de criar toros bravos, mientras otras acabarán en el oscuro y frio matadero.

Llegó el momento de enfrentarse a su destino...
...y de demostrar su bravura en la plaza de tientas
La tienta en sí es muy subjetiva pues depende de cada ganadero. Lo más habitual es tentar a las hembras cuando son eralas (con dos años), aunque existen excepciones y algunos ganaderos prefieren tentarlas de utreras y otros de añojas. En mi opinión, a más edad más definido está el comportamiento del animal y es más fácil verlo. A pesar de que tentarlas de utreras tiene más coste, puesto que hay que alimentar a la becerra un año más, creo que es favorable. Tentarlas de añojas tiene la ventaja económica pero el comportamiento del animal no está tan definido y puede dar lugar a confusiones que, con el tiempo, pueden salir más caras.

Las añojas tienen menos fuerza y el comportamiento menos definido
Otro parámetro personal del ganadero es la forma de dirigir el tentadero. Hay ganaderos que exigen más en el caballo y otros que exigen menos y le dan menos importancia. Pienso que el comportamiento en el peto es algo fundamental para determinar el destino de la becerra. Lo más común es poner a la becerra a media distancia en el primer puyazo y luego ir aumentando la distancia en las sucesivas entradas al caballo. Hay ganaderías que exigen a sus vacas solo dos puyazos, mientras en otras pueden llegar hasta nueve o diez. En mi opinión cuanto más entradas al caballo más información tienes. La becerra que es brava se va viniendo arriba en cada puyazo y te deja claro cual es su condición. La que es mansa puede salirse suelta en el sexto puyazo rehusando la pelea. Creo que con dos o tres puyazos no puedes hilar tan fino como con diez.

En los primeros puyazos se ponen a media distancia...
...y después más largas, demostrando las bravas su bravura...
...y las mansas su mansedumbre
También hay que tener en cuenta el torero que realiza el tentadero. No es fácil encontrar buenos toreros para tentar. No es lo mismo ser buen torero que ser buen tentador. El torero en la tienta tiene que conocer las querencias del animal, tiene que saber poner la becerra en el sitio que pide el ganadero con el menor número de capotazos posibles y, en la muleta, debe ser capaz de torear para la becerra y mostrar sus virtudes y sus defectos. Normalmente, además de los compromisos, el ganadero tiene unos toreros a los que siempre recurre para tentar sus animales. De nada sirve un torero que toree muy bien pero que no sea capaz de "enseñarle" la futura vaca al ganadero.

El tentador debe conocer las querencias...
...poner al animal en suerte con los mínimos capotazos...
... y saber enseñar las virtudes y defectos de las becerras...
...exprimiéndolas al máximo
Después de que el torero haya toreado a la becerra hay ganaderos que permiten a los aficionados "de tapia" pegarle varias tandas al animal. Además de colaborar con el futuro de la tauromaquia el ganadero puede ver al animal en manos menos expertas. En algunas ganaderías pueden salir hasta tres aficionados a una misma becerra. Así el ganadero exprime al máximo al animal y además puede ver detalles que en un solo torero quizás no pudiese ver.

Algunos aficionados le dan varias tandas a la becerra, unos con más fortuna...
...que otros
La virtud de un buen ganadero no está solo en saber guiar el tentadero, además debe estar muy atento a todas las reacciones del animal. En la tienta el ganadero debe observar cada detalle y cada reacción y además debe saber interpretarlo. En algunas ganaderías no se tientan más de cuatro becerras en un mismo tentadero para que no se escape detalle e incluso graban el comportamiento del animal para poder analizarlo después detenidamente. El ambiente que rodea a esta faena campera debe ser serio y de silencio, pues cualquier movimiento o sonido puede distraer a la becerra e influir negativamente en su comportamiento.

El ambiente debe ser serio para evitar distracciones de las vacas
El tentadero, además de servir para elegir a las futuras vacas de la ganadería, le da mucha información al ganadero. Es en la plaza de tientas donde comprueba el resultado de las decisiones que tomó hace unos años. En la tienta comprueba como le está dando cada semental, determina si debe quitar alguna vaca que no le ha dado demasiado bien, sabe en que situación tiene la ganadería y, además, puede intuir el comportamiento de los machos de la misma camada que las hembras que está tentando. El tentadero es, en definitiva, el laboratorio de pruebas de la ganadería...

miércoles, 2 de octubre de 2013

La perdiz canta y el toro le contesta...

Estas cansado de la ciudad y necesitas despejarte un poco. A media tarde decides dar un paseo por el campo. No tienes mucho tiempo, pero necesitas respirar aire limpio y saborear el olor a pasto mojado después de una semana de lluvias. Solo buscas tranquilidad. Necesitas observar la inmensidad del campo aunque sea por un rato.

Cuando llegas te bajas del coche acelerado. La ciudad, el ruido, los coches, la gente... La rutina te agobia. Una vez en el campo andas hasta perder de vista la carretera. Llegas a un alambrado y te sientas allí. Los toros están detrás del cerro y no se ven, pero te da igual.

La brisa de la tarde otoñal te acaricia la cara. Un pajarillo vuela cercano. Escuchas un mugido detrás del cerro. Entonces piensas en lo bonito que es el campo y, en general, la naturaleza. El campo te absorbe y el poco tiempo que tienes pasa rápido. Tienes que volver a la ciudad de nuevo. Te levantas y andas unos metros, pero, tras de ti, se escucha el batir de las alas en el enérgico vuelo de la perdiz. Se posa en el palo del alambrado donde estabas sentado. Y la observas por un instante. Te admiras de su colorido plumaje y de su belleza. Ella parece mirarte también.


Tras unos segundos vuelves a pensar en la hora y en que tienes que volver a la ciudad. Entonces te intentas volver hacia el coche de nuevo, pero en ese mismo instante, la perdiz parece darse cuenta de que te vas y empieza a cantar.

El campo no quiere que te vayas. Observas a la perdiz cantando e incluso cierras los ojos para disfrutar más de su canto, pero tienes que volver a la ciudad. En ese justo momento la perdiz calla y, a lo lejos, un toro muge desde detrás del cerro. Ella parecía saberlo y hasta vuelve la cabeza para escucharlo. Parece que hablan.

Te crees en un sueño, pero solo estás en el campo. Cada vez que piensas en irte la naturaleza te coge de la mano y no deja que te vayas. Ya no resistes más e incluso te acercas más a la perdiz. Ella, al verte, parece cantar más fuerte y el toro parece mugir más fuerte también.



Disfrutas de su canto un rato más. Te sientes un ser privilegiado. Junto a esa perdiz, escuchando ese sonido y solo con la compañía de la naturaleza. Pero ya si te tienes que ir. Es muy tarde ya y decides volver. Te sientes mal por irte de allí. Sabes que la naturaleza no quiere que te vayas y parece poco lógico no disfrutar más de ese momento. Andas hacia la carretera pero tras tus pasos el canto de aquella perdiz parece sonar aún más fuerte. Entonces decides volverte para mirarla por última vez. Al girarte te das cuenta que aquel toro que le contestaba a la perdiz desde detrás del cerro también estaba allí. Sin que te dieses cuenta te había estado mirando desde hacía un rato. Había acudido a la llamada de la perdiz para impedir que te fueras. Él también pertenece a la naturaleza.


Finalmente, con una sonrisa en la cara, decides volver. Cuando llegas al coche el canto de la perdiz se escucha lejano. Ya con la puerta abierta te paras unos segundos para volverlo a disfrutar y el toro colorado muge a lo lejos. Respiras una bocanada de aire fresco por última vez, como queriendo llevarte ese olor a la ciudad para siempre. Entonces arrancas el coche y te vas del campo. Vas tarde pero no aceleras, no quieres irte de allí. Por el camino piensas en ese momento en el que la perdiz parecía hablar con el toro, en ese olor y esa belleza. Una extraña alegría te llena y te sientes feliz, casi emocionado. Ya en el primer semáforo piensas si contárselo a alguien, pero decides que aquello debe quedar entre el campo y tu. Conduces por la avenida con una sonrisa. Las luces, el ruido y los coches te dan igual, tu cabeza todavía parece escuchar el canto de la perdiz y el mugido del toro...